
- Título original: Hellraiser
- Nacionalidad: Reino Unido | Año: 1987
- Director: Clive Barker
- Guión: Clive Barker
- Intérpretes: Claire Higgings, Dough Bradley, Asley Laurence
- Argumento: Fran Cotton posee un extraño cubo que al ser abierto trae sangre, dolor y que devastará su vida. Para “renacer” necesita sangre humana, que tendrá que proporcionarle su amante Julia, la esposa de su hermano Larry.
Me gustaría dedicarle esta reseña a Jordi, quien, acertadamente, nos recordó que la sección de Horror revival estaba cayendo en el olvido. Espero que la disfrutes Jordi.
Si al 85% de nosotros nos piden que elaboremos una lista con nuestras películas favoritas de terror de todos los tiempos, estoy segura de que Hellraiser ocuparía un puesto muy destacado, y es que es innegable que estamos hablando de un CLÁSICO con mayúsculas.

El director, Clive Barker, adapta una de sus novelas cortas,”The Hellbound heart”, para trasladar en imágenes su perversa visión del bien y del mal.
Hellraiser narra una historia de dolor, amor, sufrimiento y desesperanza de una manera atroz. Pero más allá de todo esto, Hellraiser es sinónimo de cenobitas, y éstos, a su vez, lo son de Pinhead, uno de los máximos exponentes de lo que llamo shock-killer.
La idea arranca de una premisa básica: el peligro de dejarnos llevar por nuestros más bajos instintos. Una premisa, a priori, trillada, pero que Barker, en su enseñanza moral (si es que la hay), utiliza para trascendir la simple muestra de las atrocidades humanas, y dejar bien claro que el infierno es el infierno, y que estamos tan cerca de tocarlo que da pavor.
Barker nos presenta a los cenobitas, unos seres escondidos en otra dimensión que acuden cuando les llamas, que muestran un mundo donde el dolor y el placer van íntimamente unidos. Unos seres de estética fascinante (mezclan atuendos propios de la Inquisición con una estética afín al sadomasoquismo), donde la carne es la principal atracción. Unos seres deformados por la tortura que muestran lo deformado que está el mundo de quien posee la llave para acceder al suyo.
Admito que soy una fanática de todos los cenobitas de las ocho entregas (hasta ahora), pero tengo predilección por los que aparecen en la original: Chatterer, Butterball, la mujer cenobita y ante todo Pinhead, cuya sola presencia provoca un silencio sepulcral.
Desde el momento en que Pinhead aparece, siempre precedido por el sonido de campanas, los escenarios se tornan más oscuros, opresivos y malsanos. La representación del infierno que hace Barker es maravillosa y cruel, nos muestra un infierno azul en contraposición al color rojo que siempre ha simbolizado el color del averno. El infierno es azul y metálico, es frío y sucio, es vacío. Suenan las campanas y entramos en el mundo de Pinhead y sólo se podrá salir a través de una catarsis de dolor y metal, donde cadenas, ganchos, carne, desgarros y sangre son el camino hacia el placer más puro y pleno.
Uno de los puntos fuertes de Hellraiser es la absoluta seriedad a la hora de presentar y dibujar a los personajes, de los que conocemos sus pasiones y debilidades en pocos minutos.
Por una parte, están Frank Y Julia, presentados como dos amantes despiadados y enloquecidos, que no dudarán en hacer lo que sea para conseguir su propósito. Por otro, tenemos a las víctimas, Larry y su hija Kirsty Cotton, quien tendrá que descubrir qué se esconde tras la dimensión infernal; y por último tenemos al nexo de unión entre ellos: los cenobitas, cuyo único deseo es seguir aumentando la “familia” y que el infierno se llene de seres como ellos, seres que una vez estuvieron tan abandonados al placer de la carne que abrieron La Configuración del Lamento, o la Caja de Lemarchand.
Este puzle en forma de cubo es el elemento de unión entre todos los personajes y escenarios. Es el punto intermedio entre ambos mundos y supone la rendición ante el dolor o la fuerza para seguir luchando por sobrevivir. Algo que agradezco a Barker a la hora de enfrentarse a este proyecto es que definiera tan bien los dos mundos y la brecha que une uno con el otro.
A nivel interpretativo opino que todos hacen un buen trabajo, destacando a la gran Claire Higgings (Julia), que se come la pantalla cada vez que aparece; y al mítico Dough Bradley, caracterizando al inexpresivo, frio y terrorífico Pinhead. Como curiosidad apuntaré a el nombre real de Pinhead ( como le nombró Barker en la novela original)es Lead Cenobite (así figura en los créditos). El nombre de Pinhead se acuñó en posteriores entregas porque el original resultaba demasiado largo.
Otra de las señas de identidad de Hellraiser es el maquillaje y el gore, que siguen siendo destacables 23 años después. Mención especial para la inmensa escena de Frank regenerándose partiendo de una mancha de sangre en el suelo.
En definitiva, un clásico para revisionar sin miedo a que pierda el recuerdo que tenemos de él en la memoria. Una película que determina claramente que lo que otorga la categoría de culto y clásico perdurable a estas producciones es que tienen que envejecer bien.
Si bien creo que Barker es mejor escritor que director, no puedo imaginar un debut cinematográfico más acertado.
No he querido profundizar mucho en el argumento porque creo que todos sus elementos nos son tan familiares a los amantes del terror, que es como caminar sobre las pisadas que anteriormente hemos dejado.
Lo mejor: Pinhead, los cenobitas, el cubo, el gore, la historia, la banda sonora, las campanas, la mítica frase “y Jesús lloró”, los recuerdos…
Lo peor: A nivel de efectos especiales , los rayos azules que salen del cubo son cutrísimos (por decir algo).
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